El regreso del Ghosteador

Holi! Me vino un recuerdo muy puntual de hace unos años que me hizo reflexionar y quiero compartirles.

Todo empezó conmigo enamorándome de un chico que acababa de terminar con una novia de muchos años y obvio no quería saber nada de relaciones, no estaba en su mejor momento y no lo estaría en mucho tiempo.

Esta información me la dijo, yo era consciente de esa situación, el chico NO se encontraba emocionalmente disponible y aún así me aventé con todo mi amor. Lo peor fue que terminó ghosteandome y me rompió horrible el corazón.

Pasaron unos meses y un día estando en la parada del transporte de un centro comercial, lo ví. Imagínense el pánico desmesurado que sentí, se me revolvió el estómago. Él al verme se acercó a saludarme y me abrazó… muy fuerte.

Yo pensé que solo sería un “hola” de lejos, no esperaba un abrazo y menos así de enérgico. Quedé desencajada; según yo, cuando ghosteas a alguien lo último que quieres es volver a ver a esa persona, pensaba que ese chico no quería verme ni hablarme porque le incomodaba ¿No para eso se usa el ghosting?

Busqué una forma de reaccionar a ese efusivo saludo, podía enojarme y empujarlo o confrontarlo y preguntarle por qué me había dejado de hablar sin explicación, también me cruzó por la cabeza la idea de aprovechar el abrazo y decirle que aún lo extrañaba; desafortunadamente ganó mi parte evitativa, esa Haru que huía de situaciones incómodas por temor a verse vulnerable. Me despedí sin más y tomé el siguiente transporte sin mirar atrás.

Ya en casa me reclamé por aún extrañarlo y no haber tenido las agallas de enfrentarlo como lo había imaginado en todos esos meses. Recordé entonces mi travesía por el duelo, las primeras semanas después de que me ghosteó habían sido muy duras. En el trabajo era un zombie y al ser godín solo tenía libres los sábados por la tarde así que regresaba a casa temprano para llorar a gusto. La canción de Jesse y Joy “Dueles” se volvió mi himno, lloré más cuando de verdad se cumplió un mes que ya no me veía, se fue nada más y quiso renunciar a quererme~ ♬

Después de nuestro reencuentro, en algún momento llegué a sentir mucha rabia hacia él, como si solo hubiera jugado conmigo y aún más por la forma tan cínica en que me abrazó cuando volvimos a vernos. Hasta ese momento no lo había hecho pero con el coraje logré eliminarlo de todos lados y lo bloqueé de whatsapp, estaba decidida a olvidarlo ahora sí 100% real no fake.

Pude dejar de quererlo cambiando el amor por resentimiento, no había tenido un cierre y las dudas seguían por ahí pero logré el cometido de enterrar su recuerdo. Entonces pasaron los días, meses, años y con ello los sentimientos de enojo también se habían apagado. Sin embargo, en 2020, en plena pandemia, recibí un inbox a las casi tres de la madrugada: era él.

¡Ay no! ¿Y ahora qué sucedía? ¿Estaba borracho recordando sus viejas hazañas? No quería saber nada de él, lo había dejado en paz tal como él deseaba ¿Por qué volvía ahora? Hasta se me bajó la presión.

Me armé de valor y abrí el mensaje con mucha ansiedad e intriga: era un audio. Temblando le di play y lo primero que escuché fue la voz de un amigo en común, me comentó que estaban bebiendo juntos, que salí a la plática y que el chico tenía algo que decirme. No recuerdo cómo pasó pero después de ese audio y unos mensajes muy cortos, ya tenía agendada una llamada para al día siguiente con este chico. Sobra decir que no pude dormir.

Mi ansiedad en ese entonces no estaba controlada y me mantuvo entretenida toda la mañana tratando de adivinar qué era lo que me quería decir, además de decidir si sería vulnerable con él ¿Merecía la pena decirle lo mucho que me lastimó? Temía que solo quisiera hablarme para limpiar su conciencia o que me soltara un “me aburriste y hostigaste, por eso me alejé. Además nunca me gustaste”.

Por mucho tiempo me culpé al haber sido tan intensa durante nuestro tiempo juntos, por haberme dejado llevar y hacerme adicta a la felicidad que me producía verlo, no pensé claramente las cosas, en especial porque él ya había sido claro con no querer una relación.

Cuando sonó mi celular mis manos sudaban y me inundaba el miedo, pero era algo que necesitaba. Charlamos bastante rato, me contó lo que había hecho en los últimos años y cómo se encontraba en la actualidad; también preguntó por mi y claro que hablamos de lo ocurrido: el ghosteo.

Me pidió perdón y me dió sus razones, me parecieron válidas para el mundo imperfecto en el que vivimos: eran cuestiones de salud tanto física como emocional que se le juntaron justo cuando empezamos a salir, él estaba pasándola mal y yo había llegado dispuesta a hacer mi casita con él sin más. No estábamos para nada en la misma sintonía y no supo cómo lidiar conmigo y otras personas así que solo se alejó de todos para resolver sus asuntos personales. Y aunque no fue la mejor forma de hacer las cosas, fue una solución para él.

Yo no podía juzgar, aunque no era la persona que soy ahora y mi depresión y ansiedad se peleaban por ver quién me hacía sentir más miserable, había empezado a meditar y acercarme al mundo espiritual; ya traía la escuela de “las cosas no son buenas ni malas, solo son”.

Respiré, comprendí y decidí soltar todo dando por concluida esa etapa. Lo perdoné de corazón. Darle sentido a algo que no me terminaba de cuadrar me hizo sentir muy aliviada y me quitó la culpa, fue un recordatorio de que los demás tienen su vida y sus problemas, no sabes lo que están pasando por lo que es mejor no sobrepensar tanto sus actitudes y mejor enfocarse en uno mismo.

Así cerré un ciclo que no sabía que necesitaba cerrar. Si se lo preguntan: sí, quedamos como amigos y ahora todo está bien. Probablemente lea esto o no. No lo escribí con el afán de hacerlo quedar como el villano, al contrario, fue para dar un enfoque distinto a las situaciones donde a veces pensamos que somos víctimas, ignorando por completo el contexto de la otra persona.

Y no, este no es un texto para motivarte a hablarle a quien te ghosteó, sino para darte cuenta que no eres el centro del universo y no siempre somos los culpables de las decisiones que toman los demás, así que deja de hacerte la víctima y conviértete en el protagonista de tu historia sin necesidad de hacer villanos a los demás.

1 comentario en “El regreso del Ghosteador”

  1. Sin hacer villanos a los demas, sin victimizarse…. Me encanta eso.
    Es bueno reflexionar y soltar lo que esta fuera de nuestro control, para poder seguir adelante, mas plenos y agradecidos, por lo que se queda y por lo que va de paso.
    Gracias por compartir tu experiencia preciosa, me encanto leer y resonar <3

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