
Holi!
Decidí que la primera entrada debía ser sobre el seguir adelante, pero advierto que este texto va ser una montaña rusa como todo lo que escribo, por algo son pensamientos semi-redondeandos.
Hace rato estaba acostada en mi cama pensando en todo lo que ha acontecido en los últimos años, las decisiones que he tomado, las situaciones por las que he pasado, tengo esta clase de introspección seguido pero se sintió distinta. Normalmente son pensamientos catastróficos, el típico “no lo has hecho lo suficiente” o “pudiste hacerlo mejor” reprendiéndome por no ser la mejor versión de mi todo el tiempo, por no trabajar más, no hablar más, no dibujar más, no hacer más… Siempre exigiendo pero nunca reconociendo.
Mi psicóloga me dijo: “Tienes 29 años y sigues aquí. Eso ya es suficiente reconocimiento“. Tiene 4 años de eso y sigo recordándolo, es sensacional lo mucho que algunas frases quedan grabadas en nuestra mente, si una frase tan sencilla que solo me dijo una vez se quedó ahí ¿Tú crees que la mierda que te tiras a diario no?
Sé que es difícil no hablarse mal, aguantarse las ganas de gritar cuando las cosas no salen como esperas, querer rendirse después de intentarlo mil veces y que el resultado sea el mismo, pero tirarse caca para avanzar solo hará que resbales y te embarres más, no ayuda a cimentar un camino digno del cuál sentirse orgulloso.
¿Pero saben cuál es el problema? Que uno no lo debe intentar, uno lo debe hacer. Tener determinación en lo que haces es lo que da un resultado distinto y pensar en que lo lograrás no es lo mismo que “intentar y a ver si pasa”.
“Intentaré ser mejor persona” difiere de “seré mejor persona”. Intentar es rendirse desde el principio, no da pie a un crecimiento total, deja un espacio a no sentirse mal si las cosas no salen como quieres y abre la puerta a la oportunidad de tirar todo de lado cuando te canses. Pero hacerlo es levantarse aunque te tiren mil veces y luego volver a hacerlo y hacerlo y hacerlo hasta que salga porque eso que tú quieres es inevitable en tu vida.
Esta semana agregué esa palabra a mi vocabulario diario: inevitable. Es preciosa, determinante y manifestante. Sé que suena a palabrería motivacional (y un poco lo es) pero solo muestro una realidad. Una mamá que no tiene dinero para la comida de sus hijos no “intenta” conseguir dinero, lo consigue. Proponerse metas e “intentar” cumplirlas es igual a no querer hacerlas, empezar todo con la idea de que esa meta es inevitable y que resultará, es lo que la hace materializarse.
Y aquí estoy haciendo que se materialice, porque esto es lo que siempre quise desde que estaba pequeña cuando le contaba historias de miedo que sacaba de mi cabeza a mi hermana y mi papá, mientras fingía leerla de un pedazo de cartón que no tenía nada escrito; porque esto es lo que siempre quise desde que en la primaria me la pasaba escribiendo y decía querer ser escritora aunque me dijeron que de eso me moriría de hambre. Y sí tendré mil errores, tendré muchas dudas, tendré muchos bloqueos mentales pero estoy segura de algo: lo estoy haciendo porque es inevitable para mi escribir.
Escribo para desahogarme, escribo para distraerme, para soñar y viajar, para vivir a través de mundos que existen en otras dimensiones y sobre todo ahora puedo escribir para que tú me leas y sepas que todos pasamos por lo mismo, no de la misma forma pero si en generalidades, todos andamos por la vida con dudas y miedos pero seguimos caminando buscando algo y espero que todos encuentren ese algo que los mueva.
Así que cuéntame ¿Cuál es tu destino inevitable ?
